DIONISIO ( Iconografía)

Después de su vida salvaje de adolescente descubrió la vid y su utilidad, pero sucumbió a la embriaguez por venganza de Hera, perdiendo la cordura y la razón.

A raíz de ello anduvo errante por todo el mundo con su cortejo de ménades y sátiros, pasando muchos padecimientos. Dionisio difundió el cultivo de la vid. En sentido más elevado y místico fue también dios de todas las cosechas, el que hacía entrar en sazón los frutos, extendiendo el conocimiento de la agricultura. También purificaba los cuerpos y las almas mediante el agua, el fuego o el aire.

Además es un dios espiritual: con sus fieles no tiene una relación distantes, habiendo una unión mística a través de los cultos orgiásticos. Nietsche expresó la oposición entre lo apolíneo y lo dionisiaco, la unión de Dionisio con sus fieles frente a la distancia de lo apolíneo.

Su culto tuvo mucha difusión por todo el mundo antiguo y era muy peculiar. Las fiestas de las Antesterias de febrero celebraban su retorno de los Infiernos, el despertar de la naturaleza después del invierno.

Representaciones

Dionisio (Baco romano) nacido del muslo de Zeus fue educado por las ninfas y padeció un peregrinaje largo y hostil, que sólo cesará con su matrimonio con Ariadna y su entrada en el Olimpo. Recorre el mundo en compañía de las Ménades, entregadas al éxtasis y al entusiasmo, los Sátiros y los Silenos, aunque suele permanecer ajeno al frenesí que inspira su cortejo. Su atributo es el tirso, bastón con vides enrolladas y rematado con una piña. El tipo iconográfico del dios evoluciona desde un hombre con afilada barba y túnica, (véase cerámica ática siglo VI a.C. y relieves, hacia su imagen definitiva de joven andrógino, imberbe y desnudo, enturbiado en ocasiones por la bebida en contraposición al prudente Apolo. El motivo romano del Triunfo de Baco suele representarse en un carro, con un cántaro de vino en la mano y una piel de pantera colgada al hombre, rodeado de su frenético cortejo. En el sarcófago Badminton del Museo New York, el dios aparece subido a lomos de una pantera y acompañado por las figuras de las cuatro Estaciones . Sus misterios gozaron de gran popularidad en Roma y el friso de la Villa pompeyana de los Misterios está relacionado con su culto. En su condición de hijo de dios y madre mortal, Dionisio está considerado en la E. Media como una prefiguración de Cristo. El arte renacentista y barroco consagraron varias iconografías que gozarán de larga tradición posterior: la escultura de Baco de Miguel Ángel paradigma del hedonismo clásico, el joven ebrio pintado por Caravaggio incidiendo en los excesos del dios, el triunfo de Dionisio en su carro junto a Ariadna en la visión apoteósica de Aníbal Carracci , o las bacanales de Tiziano y Poussin, que encarnan la alegría y liberación juvenil infundidas por el dios.

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