HADES (Iconografía)

Al repartirse el dominio del universo con sus hermanos los Cíclopes le correspondió el mundo subterráneo, el de ultratumba. Éstos le regalaron un casco de piel de perro con el que se hacía invisible, por lo que consiguió desarmar a su padre, Crono, mientras Zeus le derriba con un rayo.

En sus territorios reina con Perséfone, hija de su hermana Deméter, a la que raptó en Sicilia. Anteriormente Zeus, su padre, no había permitido su matrimonio con Hades, porque no quería que la joven pasara su vida en los infiernos. Tras el rapto su madre la buscó por todas partes, olvidando el cuidado de plantas y flores por el dolor de la pérdida. Cuando descubrió su paradero, intentó que volviese con ella pero ya no era posible porque Hades le había hecho comer un grano de granada, lo que la vinculaba para siempre al infierno. Al fin logró que, por lo menos, pasara un parte del año en el inframundo y la otra en el mundo de los vivos.


Hades aparece como un dios despiadado, que no permite salir del infierno a ningún alma. En ella las puertas están guardadas por el terrible can Cerbero, al que ayudan varios demonios y genios, como el barquero de las almas Caronte. Cuando llega la hora de morir a los hombres, Hades se los lleva sin ninguna distinción. Él no los juzga, sino que le asisten especialmente las Erinias o Euménides. Según Virgilio los espíritus de los justos, tras el juicio, son enviados a los Campos Elíseos, mientras que los malhechores moran en el Tártaro. Desde el interior de la tierra Hades envía alimento a las plantas y además posee valiosos metales que se encuentran en ella.

Representaciones


Hades (Plutón romano) aparece ocasionalmente en las artes como personaje aislado por su carácter funesto. Se le representa con larga y ruda cabellera, barbado y coronado, sentado en su trono o subido a un carro de oro y llevando como atributo una granada, un centro o cuerno de la abundancia, símbolo de la riqueza de los metales. Se diferencia de la iconografía de Zeus y Posidón por la presencia de Cerbero. El relato más difundido en la E. Moderna es el único en el que aparece en acción: el rapto de Perséfone (Proserpina romana) que plasmaron Giulio Romano, Rembrandt y Bernini

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